sábado 9 de mayo de 2009

A/H1N1: WISCONSIN, OHIO, ARAGÓN ANTES QUE MÉXICO

“Las teorías de la conspiración gubernamental o de la salvación del mundo desde México, en relación con la aparición del virus A/H1N1, coinciden en su ignorancia frente a un fenómeno del cual mucho desconocemos. Si queremos construir una política de Estado en materia de salud, nuestros gobernantes y políticos deben asumir con humildad una actitud respetuosa frente a los retos gigantescos que nos plantea la nueva realidad nacional e internacional. Sin embargo, esta crisis de nuevo ha servido para saber que somos parte de un pueblo hermoso, solidario y compañero, que nada tiene que ver con la fantochería de su mediocre clase gobernante. Felicitaciones a las y los investigadores mexicanos, quienes con pocos recursos han realizado una importante tarea antes y durante la etapa de emergencia. Lo que se gasta en Spot debería transferirse a las instituciones de investigación, sería una contribución de mayor eficacia para el futuro de México o, mejor dicho, ¿podríamos querer emular la pretensión del presidente Obama para destinar 3 por ciento del PIB a la investigación científica?”


Al ubicar el tema de la seguridad como prioritario, el gobierno federal, por vía de la Secretaría de Hacienda, presentó a la Cámara de Diputados el proyecto de Presupuesto 2009 en el que a la Secretaría de Salud se le imponía un recorte de 4 mil millones de pesos. En septiembre pasado, ante los senadores de la Comisión de Salud, el secretario del ramo, José Ángel Córdova Villalobos, advertía sobre las consecuencias de este recorte. El Congreso de la Unión enmendó la plana al Ejecutivo y logró la reasignación de una importante suma de recursos para atender responsabilidades del Estado en materia social. No obstante, en las reasignaciones el Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades tuvo una merma de 860 millones de pesos con respecto a 2008, que en términos porcentuales es 18.3 por ciento. La reducción habla de la importancia que el gobierno brindaba a las tareas preventivas de carácter epidemiológico, hasta antes de la aparición del virus A/H1N1.

Mientras tanto, la comunidad científica internacional, preocupada por la posibilidad de la aparición de nuevas epidemias relacionadas con determinadas combinaciones y mutaciones de virus, daba cuenta de casos de influenza similares a los presentados en nuestro país. Varios han aparecido en diferentes publicaciones científicas del mundo. Uno se titula: “Caracterización de un virus de la influenza A durante un brote de enfermedad respiratoria en los cerdos y las personas durante una feria del condado en Estados Unidos”, realizado por los investigadores Amy L. Vincent, Sabrina L. Swenson, Kelly M. Lager, Phillip C. Gauger, Christina Loiacono y Yan Zhang (SciencieDirect). En el citado artículo se identifica un virus de la influenza que afectó cerdos y personas en agosto de 2007, durante la feria de un condado en Ohio, Estados Unidos.

Investigadores, biólogos y científicos estadunidenses buscan determinar la relación entre este hecho y los aparecidos en Texas, California y México. Sin resultados concluyentes, pero con estricto rigor científico, debaten la manera de enfrentar el nuevo desafío. Destaca en este contexto la declaración del presidente Obama: Si hay un día que nos recuerde nuestra participación en la ciencia y la investigación es hoy, lo cual ha servido para dedicar 3 por ciento del PIB a la investigación científica.

Otro estudio significativo es acerca del caso de un joven de 17 años que estuvo en contacto con la crianza de cerdos: en diciembre de 2005 fue infectado con un virus similar al aparecido en México. Dicha investigación ha sido publicada por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, donde se explica que los síntomas que presentaba el joven infectado eran los mismos de quienes hoy han sido contagiados en México y en el mundo. Después de analizar las muestras de la mucosidad nasal del paciente, se identificó al virus como influenza porcina A/H1N1. A los pocos días, el paciente se recuperó y volvió a su vida normal.

Otro caso aparecido el año pasado es el documentado por un grupo de investigadores españoles, quienes exponen un estudio de caso en el que explican la forma en que un hombre de 50 años, que trabajaba en una granja porcina, en Aragón, España. En noviembre de 2008, desarrolló fiebre, tos, cansancio extremo, irritación en la nariz y escalofrío. Las muestras de un frotis faríngeo envíada al Laboratorio de Microbiología del Hospital Universitario Miguel Servet, en Zaragoza, confirmó que el virus encontrado estaba filogenéticamente relacionado con los virus H1N1 de los cerdos. El paciente no necesitó hospitalización y se recuperó a plenitud.

Sin ser los únicos, casos como éstos han sido estudiados tras la aparición de nuevos virus. No obstante, aún existen más preguntes que respuestas y la experiencia nos indica que si no existe una verdadera preocupación científica, respaldada con suficiencia presupuestaria, nuestra capacidad de respuesta será reactiva y confusa. Responder a la interrogante de por qué la mayoría de los muertos por este virus están en México requiere un ejercicio responsable, de investigación y análisis.

Las teorías de la conspiración gubernamental o de la salvación del mundo desde México, en relación con la aparición del virus A/H1N1, coinciden en su ignorancia frente a un fenómeno del cual mucho desconocemos. Si queremos construir una política de Estado en materia de salud, nuestros gobernantes y políticos deben asumir con humildad una actitud respetuosa frente a los retos gigantescos que nos plantea la nueva realidad nacional e internacional.

Sin embargo, esta crisis de nuevo ha servido para saber que somos parte de un pueblo hermoso, solidario y compañero, que nada tiene que ver con la fantochería de su mediocre clase gobernante. Felicitaciones a las y los investigadores mexicanos, quienes con pocos recursos han realizado una importante tarea antes y durante la etapa de emergencia. Lo que se gasta en Spot debería transferirse a las instituciones de investigación, sería una contribución de mayor eficacia para el futuro de México o, mejor dicho, ¿podríamos querer emular la pretensión del presidente Obama para destinar 3 por ciento del PIB a la investigación científica?

JAIME MARTÍNEZ VELOZ. Tomado del blog La Unidad Morelos y reproducido por Filosofía Digital.

miércoles 12 de marzo de 2008

UNA REVOLUCIÓN PENDIENTE

"Pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derechos. ¿Son conscientes del daño que hacen a las personas cuyas gestiones se eternizan? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? Y si un funcionario honesto y eficiente, que no quiere lavarse las manos, me dijera, en un atisbo de conciencia moral, "pero ¿qué debo hacer yo?", le contestaría lo mismo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno que decidió desobedecer: "Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo". Y añadió: "Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido".

Ayer, por teléfono, me decía un piloto que recordaba una frase, tal vez de Cánovas, en la que decía que la revolución pendiente en la Administración española, era derribar las paredes de los despachos para que los papeles pasaran de mano en mano con fluidez. Desde la primera república, esa revolución sigue pendiente. Y unas cuantas más.

Pero no me incumbe a mí, como particular, sino al gobierno y a los altos funcionarios de los ministerios, purgar la administración de inútiles y parásitos, y hacer que los empleados útiles funcionen con eficacia, rapidez y lealtad hacia los ciudadanos. Un jefe de sección o de área, o un subdirector general, es responsable de la calidad del servicio que prestan sus subordinados, así como un Director General o un/a ministro/a lo son de los suyos; sólo que a cargo más alto, mayor responsabilidad. Y ¿cómo sabemos que un servicio de la Administración es de calidad? Cuando los clientes, o sea: los ciudadanos, digan que es de calidad. Y ¿cómo sabemos quiénes son los responsables de un desaguisado administrativo como el que vengo denunciando? Me temo que serán los tribunales quienes deberán dirimirlo en cualquier caso.

Y ya es el colmo que un funcionario diga que si "nuestra administración no es modélica, tampoco lo son los administrados." ¿A que la culpa de la ineficiencia de la Administración va a ser nuestra? Pero ¡qué reveladora es esa frase del sentimiento aristocrático de los funcionarios que yo denunciaba en mis primeros artículos! "¡Administrados!" Se creen que porque han hecho una oposición "muy dura", y se consideran pagados por debajo de sus méritos, tienen derecho a censurar a los ciudadanos que, con sacrificios muy por encima de los suyos, pagan con sus impuestos el salario que perciben. No acaban de entender quién está al servicio de quién, ni que el contribuyente es el único que tiene derecho a exigir de la Administración una conducta modélica. El que paga manda. La conducta de los "administrados" no es asunto de los funcionarios, sólo de los déspotas.

Dije en mis primeros comentarios que lamentaba tener que generalizar al acusar de incapacidad o ineptitud a secciones enteras de la Dirección General de Aviación Civil, pues me consta que hay personas competentes y diligentes trabajando en ellas, y no conozco personalmente a ninguno de los altos cargos para evaluar su trabajo. Pero también me preguntaba de qué otra manera se podía denunciar a un sector de la Administración sin generalizar. Yo no estoy allí. No me muevo por los despachos de los funcionarios. No sé quién es operativo y quién no. No soy su jefe. No respondo por ellos.

Sólo soy uno de los contribuyentes que, junto con otros muchos, pagamos el sueldo de los funcionarios para que nos sirvan, no para que nos manden; para facilitar nuestro trabajo, no para entorpecerlo; para agilizar los trámites necesarios y suprimir los innecesarios, no para desesperarnos en el laberinto kafkiano de su burocracia; para velar porque se nos haga justicia, no para atropellar nuestro derecho a una administración eficiente y leal.

Un joven ingeniero aeronáutico de la DGAC reconoce que "a veces "se eternizan. Pues que no lo diga como quien echa pelillos a la mar, porque, ¿son conscientes del daño que hacen a los ciudadanos cuyas gestiones se eternizan? ¿Podrían probar que "a veces" son rápidos? ¿Se dan cuenta de que no tratan con papeles, sino con personas? En realidad, no creo que sean conscientes de nada, y más les vale que sea así; porque, de lo contrario, los ciudadanos podríamos llegar a pensar que algunos de ellos no son probos funcionarios, como presumen de ser, sino simples bribones que viven a nuestra costa.

Y si un funcionario honesto y eficiente, que trabaja en una sección incapaz de desempeñar sus funciones con eficacia, no quisiera lavarse las manos y me dijera, en un atisbo de conciencia moral, "pero ¿qué debo hacer yo?", le contestaría algo similar a lo que H. D. Thoreau decía a los funcionarios del gobierno americano que decidió desobedecer: "Si en verdad deseas colaborar, renuncia a tu cargo".

Y añadió: "Cuando el súbdito niegue su lealtad y el funcionario sus oficios, la revolución se habrá conseguido."

martes 11 de marzo de 2008

DICTADURA BUROCRÁTICA

"Hay que ver en qué dictadura burocrática vivimos cuando nadie se atreve a dar su nombre para denunciar a la Administración, a menos que sea jubilado. Pero yo lo he dado. Y le aseguro que mi guerra contra la burocracia no ha hecho más que empezar. Pero eso a usted, ingeniero del Estado, que cobrará religiosamente su "mísero" sueldo de funcionario cada mes, le importa poco. Como le importan poco a usted, y al resto de funcionarios de la DGAC, las molestias y gastos que les supone a los pilotos comerciales y sus compañías, así como a los controladores y a AENA, el tener que desplazarse desde Galicia a Madrid. Y comprenderá, además, que si mi protesta ante la opinión pública fuera susceptible de denuncia en una comisaría o un juzgado, no dude de que ya lo habría hecho. Pero la ineptitud irresponsable de los funcionarios, ante los contribuyentes que los mantienen con sus impuestos, aún no es, por desgracia, delito. ¿Se imagina usted la celeridad con que obrarían todos si lo fuera?"


Gracias, Hurricane, por su apoyo. Efectivamente, toda la cuestión se reduce a esto: una cuestión de plazos. Y es tan fácil nuestra renovación que, más que inverosímil, resulta escandaloso que la Administración se reserve, por Orden Ministerial, tres meses para una gestión que no debería llevar más de tres días. Es más, para una autorización médica inicial, es decir, para empezar a hacer chequeos aeronáuticos, ¡asómbrese!, se reserva NUEVE.

Sí, señor "ingeniero ocupa", dos o tres días de antelación para renovar una licencia (ese plazo que a usted ni se le pasa por la cabeza que se pueda dar en España) es el tiempo que se maneja en otros países de Europa, cuando no unos minutos, como es el caso de Irlanda. ¿Comprende usted por qué Ryanair pide a todos sus pilotos españoles que tengan licencia irlandesa? ¿Comprende por qué un piloto comercial y la compañía belga para la que trabaja estén pensando en denunciar a la DGAC española por INEPTA E INCOMPETENTE, al tardar tres meses en efectuar los trámites que en Bruselas llevan tres días?

Pero no quiero seguir ocupándome de mi asunto particular. Día antes, día después, me llegará la autorización. Habré pasado más de un mes sin trabajar, con gastos y sin ingresos, porque soy autónomo. Pero eso a usted, ingeniero del Estado (no sabe la pena que me da su sacrificio por la patria), que cobrará religiosamente su "mísero" sueldo de funcionario cada mes, le importa poco. Como le importan poco a usted y al resto de funcionarios de la DGAC -pero aún así se lo voy a decir-, las molestias y gastos que les supone a los pilotos comerciales y sus compañías, así como a los controladores y a AENA, el tener que desplazarse desde Galicia a Madrid para hacer los reconocimientos que, desde hace tres años, venían pasando en mi Clínica, la única autorizada para clases 1 y 3 en todo el Noroeste.

Pero como no parece querer entender lo que ha pasado -aunque lo han entendido todos los intervinientes en este debate, excepto usted- envié a la AMS, tres semanas antes de su caducidad, lo único que hay que mandar: carta solicitando la renovación y justificantes de pago de tasas y de las veinte horas de refresco que debemos aportar cada tres años. ¿Cuánto tiempo le lleva a la Administración preparar un dossier así y presentarlo para su firma?

Y como veo que ironiza usted, le diré que llevo 12 años renovando con el Ministerio y NUNCA se exigió el plazo de los tres meses, ni siquiera desde la Orden Ministerial de 2003. Con unos días o semanas bastaba y sobraba. Y, como es natural, si alguno se descuidaba, se prorrogaba AUTOMÁTICAMENTE la autorización hasta que recibiera la nueva. ¿Concibe usted que a un médico de la Seguridad Social, un Centro de Salud o un Hospital se le impidiera seguir trabajando por un problema burocrático de plazos?

Y comprenderá, además, otra cosa. Que si mi protesta ante la opinión pública fuera susceptible de denuncia en una comisaría o un juzgado, no dude de que ya lo habría hecho. Pero la ineptitud irresponsable de los funcionarios, ante los contribuyentes que los mantienen con sus impuestos, aún no es, por desgracia, delito. ¿Se imagina la celeridad con que obrarían todos si lo fuera?

Por último, yo he negado que ustedes, los ingenieros del Ministerio, tuvieran algo que ver con mi renovación. Otros debatientes en este foro han denunciado su incompetencia, pero no yo. Y tiene su mérito. Porque hay que ver bajo qué dictadura burocrática vivimos cuando nadie se atreve a dar su nombre para denunciar a la Administración, a menos que sea jubilado. Pero yo lo he dado, joven ingeniero. Y le aseguro que mi guerra contra la burocracia no ha hecho más que empezar.

Respecto a lo que quise decir sobre los exámenes médicos, me explicaré otro día. No ha comprendido usted nada. Tal vez porque no sabe de lo que habla. ¿Hacemos un trato? Yo no le diré cómo se diseña un avión y usted, a cambio, no me dirá cómo se realiza un reconocimiento aeronáutico, ni cuándo un piloto es seguro desde el punto de vista médico.

Mi opinión al respecto me la reservo para debatirla con mis colegas, incluyendo los del Ministerio, y para compartirla con los candidatos a obtener un Certificado Médico, que son los afectados por la arbitrariedad de una normativa, en muchos casos, absurda. ¿De acuerdo?

Un saludo.

Comentario publicado en AVIACIÓN DIGITAL ("Estado sin conciencia y funcionarios sin corazón").

domingo 2 de marzo de 2008

¿QUÉ SERÍA DE NUESTRA DIGNIDAD SI NOS ACHANTÁRAMOS SIEMPRE?

"Estoy seguro de que todos son conscientes de que hemos dado con un hueso duro de roer. Porque, aparte de la corrupción política del sistema por arriba, nos enfrentamos, por abajo, con funcionarios administrativos, casi siempre aburguesados, pero que constituyen, como diría el genial Tocqueville, "la aristocracia de la nueva sociedad". En una Administración centralista, un jefe de sección tiene hoy más poder que un noble en la época feudal. Y Bruselas empieza a mandar más que un monarca absoluto antes de la revolución francesa. Ojo al dato. Pero bueno, ¿qué sería de nuestra dignidad si, como hacen casi todos los españoles, más por costumbre que por voluntad, nos achantáramos siempre ante el despotismo y la arbitrariedad, sean políticos o administrativos?"

Gracias, a D. Luis Guil Pijuan y a "A vista de pájaro", por su cordial acogida en el "club de los inconformistas". Es para mí un honor luchar junto a cualquiera, aunque sea en distintas trincheras, por adecentar y agilizar la Administración española.

Estoy seguro de que lo que dicen sobre los ingenieros jóvenes es verdad, pero lo desconocía. Lo que sí sabía, y lo dije desde el principio, es que no conozco a nadie que hable bien de la DGAC. Todo el mundo tiene quejas, hasta el punto de irse a países vecinos, como Portugal, para realizar gestiones técnicas o administrativas en las que son, al parecer, mucho más ágiles sin ser menos exigentes.

Por mi parte, seguiré trabajando, en la medida que me permita mi modesta posición profesional, para que la Medicina Aeronáutica acabe estando al servicio de la salud y de la seguridad del personal de vuelo y profesionales afines, porque, ahora mismo, considero que tiene como objetivo impuesto la busca y captura del que se salga de la normativa médica; y a nosotros, los médicos examinadores aéreos, la DGAC pretende usarnos como el Ministerio del Interior a la Guardia Civil de Tráfico.

No creo ser injusto si interpreto que la DGAC, en el aspecto psicomédico, sigue el principio de "aquí no vuela nadie que no demuestre que puede hacerlo", mientras que yo opino que "aquí debería poder volar todo el mundo, mientras que alguien (no necesariamente un médico desde un despacho) no demuestre, !y rapidito!, que no es apto para hacerlo".

Pienso, pues, seguir trabajando mediante propuestas (y denuncias) en todos los foros a mi alcance, para intentar racionalizar la normativa médico-aeronáutica y tratar de introducir, en su aplicación, contra la actual actitud policial e inquisitorial hacia los candidatos, un espíritu más servicial y profesional que contribuya a mantener sanos y seguros a nuestros pilotos, controladores y auxiliares de vuelo. Me iré explicando mejor y con más detalle en el futuro inmediato.

Pero estoy seguro de que ustedes son conscientes de que hemos dado con un hueso duro de roer. Porque, aparte de la corrupción política del sistema por arriba, nos enfrentamos, por abajo, con funcionarios administrativos, casi siempre aburguesados, pero que constituyen, como diría el genial Tocqueville, "la aristocracia de la nueva sociedad". En una Administración centralista, un jefe de sección tiene hoy más poder que un noble en la época feudal. Y Bruselas empieza a mandar más que un monarca absoluto antes de la revolución francesa. Ojo al dato.

Pero bueno, ¿qué sería de nuestra dignidad si, como hacen casi todos los españoles, más por costumbre que por voluntad, nos achantáramos siempre ante el despotismo y la arbitrariedad, sean políticos o administrativos?

Ha sido un placer. Volveremos a encontrarnos. Un abrazo.

Comentario insertado en AVIACIÓN DIGITAL ("Estado sin conciencia y funcionarios sin corazón")

miércoles 20 de febrero de 2008

ESTADO SIN CONCIENCIA Y FUNCIONARIOS SIN CORAZÓN

"¿Qué pasa en la Dirección General de Aviación Civil? Tal vez nada nuevo. Puede que los problemas sean debidos únicamente a la proverbial lentitud y torpeza de la burocracia española. Pero si bien no se puede censurar a una tortuga que sea perezosa, pues está en su naturaleza serlo, sí se puede censurar y denunciar a una Administración que podría ser, por lo menos, tan competente y diligente como las de otros países europeos. La Administración lenta es injusta; la centralista, despótica; y la que, además, pretende institucionalizar su incompetencia, inmoral. No hace falta ser médico para saber que el Estado no tiene conciencia, pero hay que meterse en las tripas de su burocracia para descubrir que algunos funcionarios ni siquiera tienen corazón."



Varios médicos examinadores aéreos y clínicas o centros médicos de Galicia, País Vasco e Islas Baleares, entre otros -autorizados para chequear la salud de pilotos comerciales, controladores aéreos, pilotos privados y tripulantes de cabina de pasajeros (azafatas/os)-, se encuentran en este momento en cierre técnico debido a problemas burocráticos con la renovación de su autorización.

Incomprensiblemente, cuando nunca había habido el menor problema para renovar cada tres años dicha autorización, pagando la tasa correspondiente y justificando las horas preceptivas de congresos o cursos de refresco, algunos centros y médicos nos hemos encontrado, al interesarnos por la tardanza de la autorización, con la prohibición "verbal" de seguir trabajando porque, según una Orden Ministerial del año 2003, la administración impone que se presente dicha solicitud con "al menos tres meses de antelación" a la finalización de la vigencia de la citada autorización.

Puestos al habla con otros compañeros que ejercen sus funciones como médicos examinadores en otros sitios de España, no ha habido ni un solo caso que no haya mostrado su extrañeza (¡y su indignación!) por la aplicación estricta de esta norma de la que nadie tenía conocimiento (aunque fuera publicada en el BOE), y de la que nunca, hasta ahora, la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) había hecho un uso tan inflexible.

No discutiré la claridad de la norma, ni el derecho del Ministerio de Fomento a ejercer sus atribuciones legales, pero sí pongo en duda la eficiencia burocrática de la DGAC española, que precisa, al parecer, de tres meses para resolver una solicitud que en Bruselas, por ejemplo, se resuelve en tres días.

Además quiero denunciar su aplicación injusta en este caso, pues se ha roto, sin que mediara advertencia alguna, la "costumbre" de la Administración de aplicar la renovación casi automática de la autorización. Nosotros somos médicos, no burócratas ni abogados, y no estamos suscritos al BOE.

La Dirección General de Tráfico notifica a los conductores la caducidad de su permiso de conducir, y en cuanto se presentan los documentos obligados, el conductor dispone, al instante, de una prórroga para seguir conduciendo. El Ministerio del Interior renueva el Documento Nacional de Identidad en el día. En cambio, la DGAC exige a los médicos examinadores, inspeccionados cada vez que ella lo estime pertinente, que soliciten la renovación de su autorización, como mínimo, con tres meses de antelación a su caducidad. Y si no, se nos impide trabajar. ¡Como si fuéramos delincuentes!

La DGAC está actuando sin miramiento alguno hacia los perjuicios económicos que inflige a médicos y clínicas que, en muchos casos, se han especializado en prestar este servicio al personal de vuelo de aviación civil y a los controladores de tránsito aéreo; ni muestra el menor escrúpulo por las molestias indudables que se causan a estos profesionales de la aviación, obligándolos a desplazarse, por ejemplo, desde Galicia a Madrid, para un chequeo de aptitud que venían realizando en su Comunidad.

Se da la circunstancia agravante de que nuestra Clínica Aeromédica, ubicada en A Coruña, es el único centro de Galicia autorizado por la DGAC para hacer reconocimientos médicos a pilotos comerciales y controladores de AENA. Enviamos los documentos requeridos, junto con la solicitud de renovación, hace más de un mes. Pero en la Sección de Medicina Aeronáutica, con la que estamos conectados informáticamente y en contacto telefónico casi a diario, ese tiempo no es suficiente, por lo visto, para trasladar los documentos a la mesa donde la autoridad pertinente estampará una firma.

¿Qué pasa, pues, en la DGAC? Tal vez nada nuevo. Puede que estos problemas sean debidos únicamente a la proverbial lentitud y torpeza de la burocracia española, tantas veces satirizada en nuestra literatura. Pero si bien no se puede censurar a una tortuga que sea perezosa, pues está en su naturaleza serlo, sí se puede censurar y denunciar a una Administración que podría ser, por lo menos, tan competente y diligente como las de otros países europeos.

La Administración lenta es injusta; la centralista, despótica; y la que, además, pretende institucionalizar su incompetencia, inmoral. No hace falta ser médico para saber que el Estado no tiene conciencia, pero hay que meterse en las tripas de su burocracia para descubrir que algunos funcionarios ni siquiera tienen corazón.

Y también se debe recordar a todos los funcionarios, altos o bajos, que son ellos los que están al servicio de los contribuyentes y no los contribuyentes al suyo. Porque el Estado, la ley y la norma fueron hechos para el ciudadano; no el ciudadano para el Estado, la ley o la norma.

Aunque no tenga ninguna validez oficial, el resultado del chequeo realizado por un servidor a la sección de Medicina Aeronáutica y la Dirección General de Aviación Civil, pertenecientes ambos al Ministerio de Fomento, es: NO APTOS para el servicio a los ciudadanos. ¿O debería decir INEPTOS?

Reproducido por AVIACIÓN DIGITAL. También se ha hecho eco de la noticia CINE DIGITAL.